viernes, 1 de julio de 2016

" Regreso al Castillo de Niebla"

Lista de tareas para la fiesta de Halloween:

  • Distribuir las tarjetas de invitados sobre las mesas.  Mrs Carrington no debe coincidir con los Mackenzie.
  • Decorar los centros de mesa, con las frutas  y flores de temporada: castañas, higos blancos y las buganvillas.
  • Disponer jabones perfumados en cada aseo, y barritas de incienso en el salón central.
  • Subir la temperatura de la calefacción a partir de las cuatro.
  • Dos botellas de champán por mesa, cubiteras con suficiente hielo.
  • Sacar brillo a la plata, pasar un paño de algodón a las lámparas de swarovski.
  • Guardar a los perros, Charlie y Brownie en sus casetas.
  • Música de Vivaldi al comenzar la recepción: Saludar a todos los invitados, (vigilar a Tom).

  Sophie ya tendría que estar jubilada desde hacía años, pero el miedo a la soledad de ella, y la falta de una  sustituta que agradara lo suficiente al maniático Ted, la convertían en la eterna ama de llaves del Castillo de Niebla.
  Nadie conocía cómo ella cada rincón y habitación del viejo castillo.  Nadie para leer cómo ella los ojos de su patrón, el viejo Ted. Sophie era callada y astuta.  Ya no quedaban negras tan reservadas y trabajadoras en Jackson. Las chicas nuevas, se iban de la lengua fácilmente: eran protestonas, criticonas  y descaradas, y  por menos de nada, se arremangaban las faldas, para darles una alegría a sus voraces  patrones.  Pero no Sophie.  Ella sabía guardar secretos,  mantener alejadas las manos blancas que no le pertenecían, y no olvidar cuál era su lugar y su papel. Sí. Las apariencias lo eran todo en Jackson, y los escándalos se pagaban muy caros.  Sophie supo eso desde muy niña,  luego de joven y ahora de vieja,  Por eso era dulce y firme a la vez. La perfecta ama de llaves.  

  Cuándo vivir entre el horror y el miedo es lo que has conocido desde el principio de los días, y cuándo cada día que pasa, es un día ganado a la desolación, la felicidad se convierte en esa invitada extraña, sospechosa e incómoda. Temes que esa recién llegada sólo venga de paso, así que no quieres encariñarte con ella, simplemente deseas en secreto que se vaya, para no tener que soportar el vértigo que producen la alegría, el amor, la ilusión y la dicha.
  Es verdad que la calma precede a la tempestad.

  Sólo había otra persona en el condado de Jackson que conociera tan bien cómo Sophie  "El Castillo de Niebla" y esa persona era yo -  su nieta Berta - antes de convertirme en el fantasma que habita y vaga  por sus estancias, buscando una paz que no hallé en vida.
  Nadie me creyó. Nadie confió en mí, y ahora sólo el Castillo, con sus muros de hiedra y moho y yo sabemos lo que verdaderamente ocurrió.
  La vida me negó una juventud feliz. A menudo, el destino juega con tus dados, y luego te señala, y tú no haces más que ir en contra de lo escrito  para ti, contra viento y marea, cómo un barco con velas de seda, en medio de un océano hambriento.


  Entonces te conviertes sin quererlo,  en una heroína para algunos, y en una traidora para otros. Eso es lo que ocurre con la fama, que te encumbra y te destierra según en boca de quién estés.
  Por eso ahora, mi única tarea es que algún ser vivo, honesto y valiente, descubra la verdad, y se haga justicia, y sólo así dejaré de vagar por este castillo, y de asustar sin pretenderlo a mi pobre abuela Sophie.

  A menudo, abría los ventanales  en  mitad de las noches frías de invierno, hacía ruido en la alacena con los platos, y me liaba a pelar patatas sin tino ni medida, para que mi abuela supiese que no estaba sola en el viejo caserón, sino que yo velaba por ella y la acompañaba.
  Ella salía en camisón, el pelo enmarañado, los pies descalzos sobre la madera aún caliente por la chimenea, y cerraba asustada las ventanas. Luego se sorprendía al ver las patatas peladas, cuándo al rayar el alba bajaba a desayunar a la cocina,  Entonces, cambiaba discretamente el menú que había escrito la noche antes en la pizarra, y aprovechaba para hacer tortillas, o ensaladilla con las patatas peladas. No comentaba a nadie el suceso, mas que a Ms Marple claro, que era de su total confianza, para que las demás sirvientas no la tomasen por una vieja que ya comenzaba a chochear.
  Era una  forma de decirle que aún estaba ahí, acompañándola en su dolor. Yo sé que me quería. Yo era su nieta preferida.

 Me enteré de la fiesta de Halloween por su "lista de tareas" que había dejado sobre la meseta  verde de la cocina. Decidí, que ésa noche, era perfecta para sacar a la luz el verdadero secreto que revelaría la verdad y el misterio que rodeó a mi desaparición. Entonces, la abuela lo entendería todo, y dejaría de ser la esclava del viejo y asqueroso Ted -  para el que había servido toda  su vida -  y encontraría fuerzas para plantarle cara, y exigir lo suyo.
  Ese era mi plan perfecto, hasta que llegó mi odiada hermana Brenda.

  Brenda era una falsa copia mía, que deseaba todo lo que yo anhelaba, y se empeñaba en quitármelo, sólo para demostrarme que ella era la mejor. Si yo elegía  para la fiesta de la comarca un vestido azul cielo, con guantes de seda amarillos cómo girasoles a juego con el sombrero de raso, ella corría a encargar a la modista otro idéntico, y le hacía coser noche y día hasta verlo acabado para llevarlo a la misma fiesta que yo, pero con la pamela más grande que hubiera encontrado en Tiffanys.

Si yo me interesaba  por algún chico,  -  y viendo que ya tenía una pieza de baile  prometida   con él  desde hacía semanas en el salón  "Cherie´s" -  ella se me adelantaba, y después de  tomarse varias limonadas con aguardiente, se lo llevaba casi arrastras al almacén de las cajas de botellas, y allí, en medio de telarañas y barriles,  le ofrecía de sus mieles, y luego corría a contarme - la muy puta -  si era buen  amante  o no merecía la pena.

- Lo hago para protegerte - me aclaraba -  Ese chico no te conviene. ¿ No ves, que se va con cualquiera?  Dime: ¿ Qué siente por ti, Berta? -  y se marchaba, riéndose a carcajadas.

  Yo supe de su odio interior que la quemaba por dentro, desde muy niña. Alguien que no tiene más deseo que poseer lo que tú posees, no puede ser bueno.
  Más, mi abuela Sophie estaba al tanto de todo:
La veía arrancar las antenas a los grillos en verano,  y cazar mariposas bellas y únicas: violetas, corales y turquesas, a la orilla del río Mississippi, para luego disecarlas, y pasarse horas y horas contemplándolas en su habitación.


  Solía decir, señalando una ilustración en su libro de "Especies  raras de mariposas" que si un día encontraba la  especie " Apollo Nevadensis",-  una mariposa blanca, nevada con lunares negros y dorados -  ésa, sería la señal para que sentara la cabeza, y buscase un marido, un Apolo con el que compartir su vida. Pero yo sé, que una tarde la encontró, en la ladera de la montaña, casi al oscurecer, y después de retenerla un buen rato en su cazamariposas, la dejó escapar.  ¿ Cómo me voy a creer, que se le escapó? - ¡A ella!, que llevaba años  intentando cazarla, y algunos coleccionistas pagarían fortunas por ése ejemplar?

  Halloween.

La fiesta en el castillo, comenzó a las seis. Nunca imaginé que llegaría  a ser el fantasma del lugar que me había visto nacer y crecer. No sé si los fantasmas tienen corazón, lo que  sí sé es que  tienen  sentimientos. Doy fe de ello, pues cuándo vi a Tom, con su disfraz de Drácula, vestido con  frac negro, y capa de terciopelo,  los recuerdos se me agolparon de tal forma, que sentí la necesidad de huir de allí, para no tener la tentación de besarle.
  Intenté no mover nada de su sitio,  ni levantar corrientes de aire a mi paso. La arañas de cristal, relucientes  gracias a  las manos de mi abuela, bañaban la estancia con su luz dorada.

  Brenda estaba hermosa, la verdad. Su vestido de época, rosa pálido, su encaje delicado, sobre su escote empolvado para parecer  más blanca, y sus rizos en cascada dorados,  - era raro ver a una mulata teñida de rubio platino en  nuestra América de orillas del Mississippi  -  le daban un aire inocente y angelical, justo el que Ted, quería creer.
 
Bajé a la cocina. La vi allí. Igual de bella, pero con alguna arruga más. Comprobando que todo estuviese perfecto para la gran fiesta. Dando órdenes a todas las muchachas de color.
  Miré por la ventana:  Al viejo arce sólo le quedaba una hoja verde. Las ramas  agitándose por el viento, parecían brazos clamando al cielo. La luna meciéndose. La nieve había comenzado a caer y cubría los patios, cómo una sábana blanca. Regresé al salón. Fue entonces cuándo reparé en ella, una joven blanca,  desconocida para mí.

   Sonreía y coqueteaba con  Tom. ¿ Cómo? ¿ Cómo se atrevía a coquetear con mi prometido?
  Entonces me di cuenta de lo etérea que era, de que mi momento había pasado ya, y sentí un odio inmenso, y decidí darles a los dos una lección.

 La fiesta se abrió con un baile. Los pastelillos que había traído Tom, perfumaban toda la estancia.
  Calabazas con velas en su interior, se reían de mí sobre las mesas. Me sentía  estúpida.
  Desabroché el cinturón de Tom. Los pantalones cayeron al suelo. Tom abochornado. La chica tapándose la boca. Una vieja riéndose de forma escandalosa. Reconocí sus inconfundibles carcajadas: Era Ms Marple. Cómo la añoraba: las tardes tomando café con la abuela,  en la parte trasera de la casa, con sus mecedoras balanceándose al mismo ritmo, viendo caer el sol de la tarde. Justo cuándo  perdemos algo, nos damos cuenta de lo valioso que era.

  Tiré de los manteles bordados que cubrían las mesas: el champán derramándose, los pastelillos naranjas volando, las copas añicos, la cubertería de plata por el suelo, las calabazas rodando...
  Corrí y bajé los fusibles de la luz. Corté el cable principal del suministro. Todo el Castillo se quedó a oscuras en medio de la fría noche .Sólo la chimenea ofrecía una débil luz rojiza al salón.
  La chica desconocida aprovechó el momento, y se abrazó a Tom. Arrojé agua al fuego de pura rabia.
  Abrí los cerrojos de las ventanas, dejando que el aire congelado entrase por ellas silbando. Las lámparas tintineaban al moverse con el viento, y yo corrí a tocar la campana  de la entrada. Se oyó un maullido estremecedor de un gato, sería  Boby. Lo sentí por mi abuela, tendría que ayudarle a recoger todo. Si algo no soporto en las personas, es la traición.
  Tom no me ayudó aquella Nochevieja. No quiso continuar con el plan, así que seguí yo sola, pero claro, sin él no funcionaría.
  Luego todo fue tan rápido. El golpe. El aturdimiento. La pala. El frío. El inmenso frío que me congeló.
  Les vi a todos a mi alrededor, en el jardín de atrás.

  La anciana. He de poner las pistas cerca de Ms Marple, para que lo  descubra todo.
  Alguien sostuvo la pala y me propinó el golpe certero que me convirtió en fantasma.Y ahora, aquél golpe, sería su cruz.
  - La linea telefónica está cortada, Ted, - se oía chillar a Brenda.
- ¡ Está claro que alguien con muy malas intenciones, pretende arruinarnos la velada!- vociferó un Ted encolerizado. - ¡Bajaré al pueblo, e intentaré buscar ayuda!
- Ted, ni se te ocurra, ¿ Has visto la tormenta de nieve?
  Mi abuela corrió a la alacena, chocando entre la gente, y logró buscar a tientas unas velas y un encendedor.
  Los invitados  estaban nerviosos, y se agolpaban en la entrada, buscando a ciegas sus abrigos y sombreros. Al asomarse a la puerta, se daban de bruces con la realidad: una carretera cortada por la nieve, un paisaje yermo,  solitario y frío.  En  vista de eso, regresaban al castillo.  La abuela ofrecía café  y calor junto a la chimenea de su cocina.  Nunca tanta gente se había refugiado allí. Me di cuenta de que faltaban invitados.
Corrí escaleras arriba, a las habitaciones. Un fantasma atraviesa paredes, vuela y ve lo que otros no ven. Mas no puede hacer nada por romper un hechizo de amor. Toqué con las yemas de los dedos la madera de la puerta. Giré el pomo suavemente.  Le oí susurrar su nombre: "Ruth".
  Me colé en lo que antes había sido la habitación de Ted y su esposa  Nell. Las sábanas de raso blancas aún conservaban su perfume. La abuela se ocupaba de que fuera así.

  Un gran espejo, me devolvía la imagen que nunca hubiese querido ver. Recorrí de memoria sus labios, sus voluminosos hombros,  su pecho, que me olía a canela y a mantequilla. Ella era menuda y frágil. Me fijé en sus ojos verdes y enamorados,  su melena encendida cubriéndole sus pequeños pechos.
  Él nunca me había besado así,   de aquella forma tan abrupta, tan exigente y desesperada. La luna fue testigo. Los copos de nieve caían infinitos mientras Ruth ahogaba un grito en la almohada. Gotas de sudor resbalando por la espalda del que un día, había sido mi pastelero, mi dulce amor. Una lágrima invisible que no mojaría nada resbaló por mi rostro. Recordé que sólo era un fantasma y que aquellos recuerdos eran sólo  lo que me quedaba de él. Quise tocarlo, sentir el calor  de su piel por última vez. Mas hice mi trabajo, el motivo por el  que había regresado al castillo.
  Coloqué el diario de  nuestra  madre Odile, debajo de una tablilla de la escalera.  Corrí apresurada, tropezándome con Ms Marple, la confidente de  mi abuela, y su  única conexión  con el pueblo de Jackson, ahora que sus salidas eran cada vez más escasas, desde el suceso de Nochevieja.
  Los fantasmas no podemos pasar mucho tiempo entre los mortales. Nos confunden. Nos quitan energía y perdemos nuestros poderes sobrenaturales.
 
Pisó la tablilla, y perdió el equilibrio. El candelabro volando dejaba una estela de luz caldera. Ms Marple rodando hacia el abismo. No podía ser. Un ruido seco. Tom abrochándose la camisa. La chica asomándose en el umbral de la puerta,  en bragas. La voz de mi abuela pidiendo a gritos que alguien le ayudase a levantar a  la detective más famosa del condado.

  El diario con sus tapas plateadas hacía destellos entre las sombras.
  El diario en sus manos. En las manos de Ruth.
  Mi oportunidad se había esfumado.
 
 


 

 



 

 
 
 
 

miércoles, 1 de junio de 2016

La cabaña del bosque



 Todos  teníamos ganas de que Ms Marple se recuperara. Sobre todo yo, que sabía que ella me intuía tras las cortinas, en la cocina, debajo de las escaleras, y en el sótano.
Ella  notaba mi presencia invisible en el castillo porque aún conservaba  el olfato muy desarrollado, y guardaba  intacto en su memoria, el día en que nos conocimos.
- Hueles a buganvillas y musgo - afirmó.
- Cómo acertó mi perfume? - Le mentí.
- No es tu perfume, Berta, es la esencia de tu alma.
Y me sentí desnuda por dentro ante ella.

Y sé que me andaba buscando con sus ojos grises de mirada helada, con las manos huesudas y azuladas, con las grandes orejas  adornadas con perlas nacaradas…

Yo procuraba no estar en la misma estancia que ella – a menudo las criadas  del castillo la sacaban a pasear en una silla de ruedas que el médico de la comarca les facilitó-  pero a veces no me daba tiempo a escabullirme, y de repente aparecía una de las  muchachas  empujando la silla  - sus  ojos ahora  encendidos- como cuando notaba que tenía un nuevo y vibrante caso entre las manos y corría a contárselo a mi abuela Sophie durante  la merienda del domingo, o del viernes,  - si el ansia era grande-  y mi abuela podía coger un par de horas libre  de los fogones.
Tenía que terminar lo que había empezado, pero todo se complicó con ésa estúpida caída de Ms Marple, y con ése horrible descubrimiento que me dejó hecha trizas: La imagen de  Tom y la pelirroja desnudos  en la habitación que antes había sido de Nell y Ted.
 “Ruth” había susurrado Tom. Su nombre  me golpeaba las sienes cómo un martillo.
El diario en sus manos.
Lo primero de todo sería recuperar el diario, ¿Pero cómo, si todos los invitados se habían ido ya?
Me faltaba la magia y los ánimos suficientes para escapar del castillo y llegar hasta la chica de cabellera roja…
Llevaba días y días probando nuevos poemas,  brebajes hechos con plantas cómo me había enseñado la abuela, pero nada me hacía recobrar mis poderes, desde que sabía que Tom tenía una nueva amante.

Por eso decidí, que si me quedaba unos días más en el Castillo, quizá recuperase la memoria para salir de allí con algo más que la vestimenta que llevaba. Mi plan había fallado y ahora lo más urgente era recuperar el diario.
¿Qué más podía hacer?
En el pueblo no se hablaba de otra cosa:
Que si un fantasma había arrojado a Ms Marple por las escaleras, que si Tom tenía una nueva novia, que si la esposa de Ted, había tirado de la mesa del mantel para arrojar por los aires  todos los pastelillos de calabaza…
 Murmuraban sobre la pelirroja que había sido descubierta  desnuda  -  en mitad de las escaleras - con  todos los invitados esparcidos por la casa, histéricos buscando una salida, con los candelabros y las velas en la mano, con los gritos de Ms Marple  rompiéndoles sus oídos, y con una mujer  desnuda, de pálida piel, tapada por los brazos de un pastelero castigado por su lujuria.

A Tom no le vino mal ésa publicidad: Desde el día de Halloween , no había día que no vendiera por lo menos  media docena de   tartas de chocolate y calabaza,  o una  veintena    de tiramisús con canela y huesos de santo  - aparte de los pedidos diarios de los restaurantes de Jackson y del hotel   del condado vecino: Vicksburg.
Todo eso, más los panes y las magdalenas especiales de mantequilla y avellanas  diarias que servía  todas las  mañanas con los cafés de los desayunos,  hacían  a Tom estar de muy  buen humor: Por fin respiraba aliviado, y confiaba en la suerte, y en que su banquero no le llamaría otra vez amenazándole con quitarle el negocio por impago.   Todas las mujeres comentaban lo que ya no era un secreto en el condado: Que Tom podía estar muy orgulloso de su virilidad, y de que la pelirroja,  - Una tal Ruth, demasiado flacucha para el gusto de las pueblerinas de Jackson - debería estar muy contenta con ese hombre...
El pastelero  hacía una caja estupenda todos los días, y ya no daba abasto él sólo: Si las ventas continuaban subiendo de ésa manera, contrataría un aprendiz durante  el verano, para enseñarle el oficio, y quizá si  la cosa seguía bien, lo podría mantener  en el invierno.

     La niebla bajaba todas las tardes por Jackson,  como una lengua  gorda de gato que impedía que Ms Marple pudiese leer nada sin sus gafas con montura roja. El tiempo no pasa en balde para nadie, y aunque odiaba  comportarse como una anciana, justo ahora se daba cuenta, en aquellas circunstancias, de que lo era. 
 Jamás había pensado que se hospedaría allí, -  en el viejo Castillo -  el lugar dónde hacía años atrás se había cometido el crimen que había ensuciado su imagen de investigadora eficiente y perfecta. Justo el año en  que se retiraba, tuvo que hacerlo casi por la puerta de atrás, y aquél premio que ella contaba que lebhubieran dado,  fruto de tantos años de trabajo y de una vida sacrificada entera por y para  Jackson, se lo dieron al chiquilicuatre del sherif, siempre dispuesto a entorpecer sus  pesquisas: quitándole pruebas, negándole la posibilidad de que registrase una casa, un barco o un solar abandonado.  Prohibiéndole entrevistar  (ella prefería esta palabra a “interrogar”) a los sospechosos o a todo aquél que le pudiese facilitar una pista o un rastro que seguir, y todo  para adelantársele y pisarle la prueba definitiva que haría  que encajaran todas las piezas del puzle…
Su amor al trabajo y a la justicia lograron que se mantuviera a flote año tras año, aguantando a aquella penitencia  de lameculos  de  Louis, que se movía más por los intereses de su carrera política que por la calma y paz de su condado y sus ciudadanos.
Ahora tenía ante sus manos una oportunidad de oro para  husmear  todos los rincones del Castillo, si no fuera porque estaba impedida, y a todas partes que fuera, las ruedas chirriantes de la silla se escuchaban a kilómetros, anunciando su  llegada.

Notó a Ted - el viejo y fanfarrón Ted- un poco molesto por su presencia.

Brenda  en cambio sabía mostrar su sonrisa de morsa congelada.
Tenía que tener a alguien a su favor…  que la ayudase en sus averiguaciones, pero  ¿Quién se atrevería a desobedecer las órdenes del viejo gruñón de vigilarme?  Se preguntaba Ms Marple.
Ordenó que la bajaran al sótano. Todo estaba cómo Nell,  -la primera esposa de Ted  lo había dejado, pero ahora con más polvo y telarañas que antes.
Ms Marple iluminó la estancia con la vieja lámpara de aceite:
Una máquina de coser, con la puerta desvencijada y carcomida por la polilla. Aún le parecía  escuchar el ritmo de ésa Singer, y  ver a Sophie cosiendo vestidos de sedas de vibrantes  colores para sus nietas.
Cajas de madera apiladas que un día habían contenido vino y licores.
Una paellera gigante, un carro de madera con la pintura desconchada y el viejo piano. Pasó la mano por las teclas, que emitieron un sonido discordante, y le tiznaron la mano de mugre.
Un cajón con muñecas de trapo con las caras sucias, y faltas de un ojo, con una pierna soldada con una quemadura negra, o sin un brazo...
Una rueda enorme que no era del carro.
Una pala. Se acercó a ella. La sostuvo en las manos: Estaba comenzando a oxidarse. En el sótano había mucha  humedad, y por el ventanuco entraba una débil luz a través de los cristales sucios... Uno estaba roto.
Acercó la lámpara de aceite a la pala y  la sostuvo  entre sus manos. La olió. Pasó la mano por su perfil. Había tierra seca  pegada, y algo de color rojizo… La volvió a oler.
Entonces reparó en  el arcón con sus clavos imitando oro. Disfraces, libros viejos.


Un manojo de cartas atadas con un lazo gris le llamó la atención:  El remitente  era un tal Roger, de Atlanta, e iban  dirigidas a Odile.
Oyó pasos bajando la escalera, y sintió un perfume extraño, el que invadía toda la casa y le recordaba a quien ella sabía.
Rápidamente metió el fajo de cartas bajo su falda, y se apresuró a salir de la estancia. Margaret continuaba al pie de la escalera, absorta en peinarse la trenza  que le caía por la espalda.
-  ¿Encontró algo interesante Ms…?
-        Pues, la verdad que no…
-  Ya le dije yo que ahí no hay más que trastos, y quizá algún ratón. Desde que Odile no está, nadie más se ocupó de esto, y la señorita Brenda  nos tiene prohibida la entrada ahí.
-   ¿Por qué?
¡Quién sabe Ms Marple!  Esa mujer tiene más secretos que las tumbas de los faraones! ¡Y un humor de perros!
-    ¿Serías tan amable de hacerme un favor?
-      Si se trata de entrar con usté ahí, me va a permitir negarme -  Ms- pero le tengo miedo a la ama, y no quiero entrometerme en sus cosas.
-     No, tranquila Margaret. Sólo tienes que entrar un momento, coger la vieja pala, y envolverla en papel de periódico. Me la enviarás por correo a mi casa, sin que se entere el ama  ¿Podrías hacerlo por mí?

-          Oh! Ms Marple! ¿Para qué quiere usté ésa pala? ¿Acaso va a trabajar su parterre, en las condiciones en las que está?  ¡No me diga Ms Marple usté se está volviendo loca! - La joven empujó la silla dándole la vuelta, enfocando a la anciana de vuelta a las escaleras.
-       Noo, no, hágame  caso, la necesito y no me pregunte más. Lo importante es que nadie le  vea, que lo haga  a una hora en la que no le  vean salir con el paquete. Que no se note tampoco que es una pala, para que el cartero no sospeche… Haz una caja de cartón para ella, luego la envuelves en papel y la envías a mi dirección.

Ms Marple sacó una cartera color lila del bolsillo de la chaqueta, y le extendió un billete a la criada.

-          Para los gastos de envío, y lo que sobre es para usted… Ya me entiende, por hacerme un favor, y por mantener el se…
-  No hace falta que me dé nada  Ms- Interrumpió la joven- Y tráteme de tú, no se ande con remilgos , que conmigo no le hacen falta. Yo sé cuánto apreciaba a  Odile… ¿Usted sabe que a veces creo sentirla por estos pasillos? Todas las noches le rezo una oración… No me diga nada  más Ms Marple -  prefiero no saberlo-  no sé en qué líos estará metida esta vez, pero si la dueña se entera de que yo saco algo de la casa sin su permiso, ¡me corta la cabeza!  Perderé el trabajo ¿sabe? Y  lo necesito: mis hijos son pequeños, y el cabrón de su padre no da señales de vida, desde que se marchó a buscar trabajo a no se sabe qué plantación de algodón... Tengo miedo de que sea todo una mentira  ¿sabe? Que esté por ahí revolcándose con alguna guarra del cabaret, hasta que se le acabe el dinero que se llevó y que tantos años nos costó juntarlo. Eran los ahorros para los estudios de los chicos ¿sabe? Odile siempre me decía que lo más importante para ellos era tener unos buenos padres que les dieran una educación honrada.

-    Deja de preocuparte tanto, y llévame arriba, estoy cogiendo frío aquí con tanta humedad. Recuerda:  Cuando todos estén en sus habitaciones. Si madrugas antes de que ellos bajen a desayunar, nadie se enterará. ¿Cómo se llama tu marido?
-   Marc, Marc Robinson.
-  Intentaré averiguar si tomó el tren hacia Nashville o hacia alguna parte, y así estarás más tranquila. ¿Cuento contigo, Margaret?- La mulata hizo un gesto de desaprobación, negó con la cabeza y comenzó a llorar.

-          ¡Todo era más fácil cuándo estaba Odile, abuela! Ahora nadie vela por mí  ¿sabe? Esta bruja de ama nos tiene amargadas a todas, y a Ted también.  ¿Sabe que no duermen juntos? El viejo fanfarrón presume  en el pueblo de  que todavía está cañón  para cumplir con ella, pero la verdad es que ella no le deja tocar ni un pelo de su linda cabellera dorada. Una noche, les sentimos reír a carcajadas cómo si fueran horcas.  Sheryl y yo nos asomamos con sigilo al salón. Era un sábado por la noche. Ella estaba sentada a horcajadas sobre él, dándole latigazos en la espalda. Llevaba un corpiño de seda negra  muy escotado -  ya me entiende-  se le salían los pechos por el encaje,   y  él le gritaba que le diera más y más fuerte. Después cayeron los dos patas arriba  y él se golpeó la cabeza. Ella quedó despatarrada sobre el suelo y comenzó a gritar y a llamarle viejo inútil.  Ted comenzó a llorar como un niño y  se puso de rodillas, y le lamió la herida que  le sangraba  en la rodilla.


Bebían de unas  copas, que también  rodaron por el suelo. Ella le dijo algo así como que se habían acabado  “los sábados calientes”, y  él se disculpaba como un niño  y  ella gritaba que no le quería ver  en una temporada en su cama.  Y así es. Le da un beso de buenas noches en la frente -  cómo a un padre - y le lleva un vaso de leche caliente a su habitación antes de la medianoche,  pero sanseacabó. No hay más. Ni gemidos, ni besos ni susurros.
 Y a veces siento el portón de atrás - el de hierro forjado-  abrirse. Al principio creí que era el viento, que empujaba la puerta. Siento pasos por las escaleras, pasadas las doce. Hacia las tres, y sólo cuándo hay luna llena. Ted ronca, y no se entera de nada, pero yo sé que en la habitación de la ama duerme alguien más que ella.
-     Pues quiero saber más de ésas intrigas de alcoba Margaret… y  cuándo tengas  algo más, me escribes una nota.
-   ¿Cómo voy a escribirle una nota y comprometerme a que se pierda o a que alguien la lea?
-          ¡Déjame acabar, Margaret! – Me escribes una nota, enviada por correo, en la que escribes  “Ya tengo la receta del pastel de espárragos”. Esa será nuestra señal secreta, de que ya sabes algo concreto. Tú querías mucho a Odile, ¿verdad?  Y a su hija, Berta… Fuisteis amigas?

-          Oh claro, ella  era cómo una hermana para mí, no como su melliza Brenda. Si mi amiga levantara la cabeza y viera con quién se ha liado su propia hermana!!!

-    Pues ayúdame y no te arrepentirás. Cuando sepas algo, nos reuniremos   junto al puente que baja hacia el pueblo, hay un desvío del camino. Lo cogerás. En la entrada del bosque hay una cabaña de madera roja descolorida, con dos ventanas en la fachada. Te esperaré allí, al día siguiente de recibir la nota, a las cinco y media. Con la excusa de comprar algo que te hace falta para la cocina,  te puedes ausentar un par de horas -  justo para vernos -  y   espero tener algo en limpio sobre tu príncipe para entonces... Ten mucho cuidado, de que no sospechen de ti. Limpia bien los zapatos al llegar del bosque, que no lleven tierra húmeda pegada, o ensucies los suelos barnizados del Castillo. Nadie debe saber nuestros secretos. Si te portas bien, y me traes algo interesante, prometo ayudarte con los estudios de tus hijos.  ¿De acuerdo Margaret?

La chica de ojos azules y piel canela sonrió  con todos los dientes perlados que la naturaleza le había regalado y sus ojos brillaron con  la esperanza enamorada de la  juventud.

 “Así que tengo un  nuevo caso delante de mis  narices y   casi  había pasado por delante sin verlo” -  pensó la detective.


Las cartas de Odile.



 13- Abril de 1929

Querida Odile:     


Estoy cansado de bregar con los marineros, de explorar viejas y nuevas tierras y no encontrar nada. La semana pasada fuimos sorprendidos por unos piratas, menos mal que mi tripulación es brava y no se arredró, pero el peligro acecha en todo momento.

Creo que regresemos  pronto.  

 Te traigo unas  telas preciosas y de las más caras,  para que te hagas el mejor vestido de todo Jackson. Estarás preciosa, aunque tú no necesitas telas caras para estarlo.

Muchas gracias por tu carta, si no fuera por ti, no soportaría esto. Sabes que te quiero, es todo lo que te puedo prometer por ahora, no sabes lo que te echo de menos.

Si puedo estaré ahí antes de que des a luz lo que venga. Te dije que nos casaríamos y así va a ser.

Tuyo:

Roger.



4 de junio de 1930



Querida Odile:

Lamento decirte que no veremos tierra hasta dentro de un mes por lo menos.

Casi no nos quedan víveres, y en el barco hay luchas y peleas diarias. Para colmo, con la última tormenta el timón no anda muy bien, y el médico de la tripulación se cayó al mar antes de ayer. Tenía razón mi socio  Ted, cuándo dijo que este barco y este viaje estaban malditos. No dejo de pensar en ésas niñas, nuestras mellizas, en lo hermosas que estarán y en lo que se parecen a ti.  Espero que no te falte de nada, que tengas suficiente hasta que yo llegue. No te preocupes, que para los bautizos, estaré ahí.
Si Ted  te sigue faltando el respeto,  tendré que hablar  seriamente con él.  No tiene ningún derecho a tratarte así. Sólo de pensar que te puede poner las manos encima otra vez me dan ganas de retorcerle el cuello. Perdona que hable así, pero es que tú ya no eres su criada, se lo dejé bien claro: Eres mi esposa, y tus niñas son mis hijas y llevan  mi sangre. Espero que algún día todo esto  cambie, que negros y blancos tengamos los mismos derechos.
Si no estuviera tanto de viaje esto no ocurriría… Pienso en nuestro ya cercano reencuentro, en tu piel y mi piel, dándonos calor otra vez, cómo en una eterna luna de miel.
Te amo y te necesito Odile,  todas las noches pienso en ti mirando las estrellas.
Te quiero:
Roger.


martes, 14 de octubre de 2014

Los tesoros del naufragio.


   Hay una escalera de mano.
La escalera de mano siempre está ahí
colgando inocentemente
cerca del costado de la goleta...
Desciendo...
Vine para explorar el naufragio...
Vine para ver los daños que ha habido
y los tesoros que se han conservado...

   Adrienne Rich, en su poema "La inmersión en los restos del naufragio"


     Dita Kraus era una niña de catorce años cuando fue recluida junto a su familia en el barracón 31del campo de concentración de Auschwitz. Eran los campos del horror, pero una niña les devolvió  a todos la esperanza.
     Alfred Hirsch, es el jefe de dicho barracón. Alemán de origen judío, disfruta de un trato especial, por haber sido instructor de deportes.´Tras convencer a sus superiores de mantener distraidos a los niños mientras sus padres trabajan, crea una escuela clandestina, con una biblioteca secreta, y nombra a Dita bibliotecaria. Su misión: ocultar cada día los ocho libros de la biblioteca.
     Esta es la historia real de Dita, novelada por el escritor Antonio G. Iturbe, en "La bibliotecaria de Auschwitz", y de una de las bibliotecas públicas más pequeñas, recónditas y clandestinas de la historia, y de la manera en que su bibliotecaria se las ingeniaba para ir ocultando los libros... arriesgando su propia vida.
   Allí, con poca comida, crueldad, y trabajo extenuante, los días grises pasan para los adultos, y allí,  Dita saldrá adelante, con su energía, con su valor, y sobre todo, con el apoyo de los libros, cómo esa ventana por la que escapar a otra realidad, cuando el mundo que la envuelve se hace insoportable.

  Fredy, el profesor, se dio cuenta de que Dita, tenía esa empatía que hace que ciertas personas conviertan un puñado de hojas en un mundo entero para ellas solas.
   La novela es un homenaje a Dita,, y en general a todos los que lograron en aquella lúgubre oscuridad de barro, ceniza y sinrazón, se encendiera la luz de una pequeña escuela, y una modesta biblioteca. Dita salvó a muchos niños de la muerte. Esta heroína, tiene hoy ochenta y dos años, y vive en Israel.
   En el mundo, hacen falta más personas cómo Dita, que infunden alegría y esperanza,  que ofrecen su ayuda  y que te dan la mano cuando lo necesitas, sin pedirte nada a cambio.
   Las personas cómo Dita sienten una gran compasión por el otro, y son sensibles a su sufrimiento.
   En estos tiempos de crisis, la mayoría de la gente da la espalda a los que sufren, a los que no tienen nada... prefieren mirar hacia otro lado,ver sólo guirnaldas de colores, escuchar los cohetes... hasta que la vida, un día nos golpea a nosotros... entonces buscamos ayuda, y nos preguntamos: ¿dónde están mis amigos?  para sentir  solo el eco de nuestra voz. Necesitamos personas buenas, personas con sentimientos, personas que se pongan en el lugar del otro... para salir de esta crisis, en la que entramos sólos, y sólo con esperanza podremos salir.
    Por eso, un libro, una sonrisa, la margarita silvestre del jardín, una llamada  de cariño a tiempo...pueden salvar un alma, y devorverle a la esperanza.

Celia Andrades.


martes, 11 de marzo de 2014

En la tierra de los sueños.

  Hay un lugar, un vasto trozo de tierra, que todos poseemos al nacer: es la tierra de los sueños, dónde sembramos las semillas de las ilusiones que luego brotarán cargadas de felicidad.
   En ésas tierras fértiles, dónde nada es imposible, puede vivir cualquiera, no hacen falta pasaportes, permisos de residencia, empleos oficiales, ni matrimonios de conveniencia.
   A diferencia de las discotecas de moda, puedes entrar vestido de cualquier manera, y tengas la edad que tengas, y llegues calzado o desnudo, un trozo es tuyo de por vida.
    Sólo hacen falta tres condiciones para quedársela, y recoger sus frutos:
Abonarla cada día, regarla y mimarla, y tener fe, cómo hace un campesino  cuándo  mira al cielo, implorando la sagrada lluvia que regará la tierra, recuerda, la tierra de tus sueños.
    Hay que ser trabajador, y quitar las malas hierbas de la desidia, de la envidia, de la tristeza y ahuyentar a los pájaros de mal agüero.
    Luego, hay que tener paciencia y esperanza.

     Y si tienes todas estas herramientas de labranza, un día, verás algo verde, algo que brota con fuerza, algo que nadie  esperaba, a no ser tú mismo, y que es sólo tuyo, y te pertenece a ti.

    Michele Obama me gusta, por su iniciativa de plantar un pequeño huerto en la Casablanca, y llevar allí a alumnos de un colegio, a enseñarles a recolectar frutos, y labrar la tierra.
     Enseñar el arte de labrar la tierra, es también enseñar el arte de labrarse la vida y la felicidad.
      Todos venimos de la tierra, con un sueño que cumplir.Ése sueño, que puede durar toda la vida, te acompañará en los días calurosos, en las noches frías y nevadas, en la triste soledad, en la alegría compartida, en la prosperidad y en la escasez.
     El sueño es el faro que te guía, el alimento del alma, la nueva estrella del firmamento y la antorcha del relevo.Va de generación en generación, está en todas las casas, en todas las almas, en todas las plantas, el sueño eres tú y tú eres un sueño.



 


Todos los días que estuve de vacaciones en Roses, veía en la playa,  a una pareja joven, con cierto aire romántico y hippie, hacer estas figuras de arena, con la que se ganaban el pan. No dejaban de sonreirse: ella le traía agua en el cubo, él le  besaba entre palada y palada de arena,  y  los chicos les hacían fotos a sus esculturas  de arena. Luego, cuándo caía  la tarde, una señora mayor, que podría ser la madre de ella, les traía a los dos un bocadillo, para la merienda. Me hubiera gustado hablar con ellos, saber de sus sueños, ellos, que tan generosos nos regalaban su arte, y la estampa de su felicidad. 
    

miércoles, 8 de agosto de 2012

Vacaciones y verano.

Cuando llega el verano, los días son más largos, y da tiempo para todo: para quedar con amigas y tomar unas cañas,, para coser y reformar aquella gabardina que compraste en Venca y que sólo te pusiste una vez, te da tiempo también para leer los libros que compraste en las tardes de los sábados lluviosos, y que luego se te amontonaron en la mesita de noche, esperando turno de lectura, y luego, inevitablemente, te da tiempo a pensar, a recordar, con cierta nostalgia o no, aquellos veranos de tu infancia y adolescencia, cuándo todo era nuevo y explorabas el mundo.

  Las olas con el murmullo de fondo, las margaritas sonriendo en los prados, los cantos de los grillos al anochecer, y el aroma de los sanjuanes en flor en los amaneceres llenos de luz y color.
fue entonces, al recordar todo esto, mientras hacía las maletas con destino a Roses, cuándo me di cuenta de que antes, al menos en mi barrio, nadie se iba de vacaciones, a no ser algún adelantado que marchaba todo el verano de campamento de verano, y luego llegaba con nuevos "inquilinos" en la cabeza...
  Recuerdo los veranos en casa de mi abuela, dónde trabajaban todo el año, la tierra y el ganado, que no cesaba de comer en verano,y ni un sólo día de fiesta.
   Las tardes en casa de mi tía Agustina, que me daba para merendar los chorizos que ella misma hacía con la carne de los jamones de los cerdos que criaba, y que estaban riquísimos, y que yo comía con verdadero placer, ojeando las revistas de moda y patrones de su época de modista y diseñadora.
  Me vienen a la cabeza las mañanas en casa de mi tía Carme, en el bar de La Peñuca, las escaleras de madera que crujían al subirlas, los cariñosos zapateros que trabajaban en el sótano remendando zapatos y botas, y las tardes de tostadas de mermelada y mantequilla en la cocina charlando  con mis primas.





Por eso, cuándo estas vacaciones  me fui a Roses  Figueres, me deleité con Dalí, y disfruté de las playas, y también me fijé en las personas que trabajan cómo mis tíos, cómo mi abuela, todo el año, y lo hacen con una sonrisa, con alegría y buen humor, porque el verano es alegre para todos, y si lo miras bien, las vacaciones no es la única época en la que puedes relajarte un poquito, sino que todo el año, y todos los días, hay momentos de relajación,  de magia, de instantes únicos que un día recordarás con cariño, de tranquilidad y de sonrisas... todo es saber buscar "tu oasis" particular.

jueves, 5 de julio de 2012

Lo que el tiempo me devolvió

" Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esta cosa es el tiempo". Michael Ende, en "Momo"

En la primera foto, estoy celebrando junto con mis compañeros de clase, y los profesores, la llegada de la nieve  a San Juan de La Arena. En la segunda foto estoy en la procesión de las fiestas de ese mismo sitio, dónde me crié. Han pasado treinta años entre las dos imágines. He necesitado tres décadas para darme cuenta de lo que verdaderamente añoraba, y lo que tenía que recuperar, porque un día me había pertenecido:
- Reencontrarme con amigas de la infancia
- Ver que donde viví, es ahora un sitio más alegre, con los edificios pintados de alegres colores
- El recuerdo de ropa tendida, con el aroma a fresco y a limpio
Un campo salvaje y agreste, dónde jugaba desdee la mañana hasta el anochecer, todos los veranos de sol, alpargatas, y moras sabrosas  y dulces

-Una tienda sencilla de ultramarinos, donde se vendía de todo, y te despachaban a cualquier hora, pan, leche, golosinas y cariño

Todo eso y mucho más, me  estaba esperando a mí, porque nada ocurre  por casualidad, y lo que te encuentras, no sólo es lo que buscaste, sino que eso también te estaba buscando a ti.
Decía Saramago, que "al final todos llegamos a un sitio, donde nos están esperando".
Es bueno recuperar ese sentimiento de pertenencia, de que perteneces a  un sitio, y ése sitio también te pertenece a ti. Se llaman "raíces", y ellas son las que te sostienen fuertemente anclada a la tierra para que no te caigas en los momentos difíciles, y son las que te nutren, y te impulsan como una brisa fresca a un barco, para que consigas tus sueños, y vueles ligera, sin ataduras.

martes, 19 de junio de 2012

¡Pequeños placeres!

    
Hoy voy a hablar, de esos pequeños grandes placeres que tenemos el privilegio, de tener y saborear cada día y que cuestan poco o nada...

  Trabajo de cara al público, vendiendo productos de belleza... y ahora que la crisis está instalada en la sociedad y que va a nuestro lado, cómo un triste sombra que no queremos, veo cómo cambian las costumbres de la gente, sobre todo de las mujeres, según las necesidades y circunstancias. Antes, se llevaba "fardar" a ver cuánto tengo yo más que tú, y ahora lo que está bien visto, por necesidad también, es el ahorro. Por las mañanas,  a  la hora del pincho, me entran chicas que se dan  una vuelta por la tienda, y escogen un esmalte de un color subido, pongamos, naranja mandarina, amarillo limón (para seguir con los cítricos) o turquesa cómo el mar en los días soleados. 

    Algo tan simple, y tan barato, (son a 1,49 los más económicos) sube la moral de la secretaria, que teclea con más garbo su teclado con unas uñas alegres, o la chica que trabaja en el kiosco se ve más cool, y chic, con sus uñas verde agua, al darle la vuelta al señor que compra el periódico. Pero es más que eso, ese gesto, dice que nos queremos, que nos seguimos cuidando, que seguimos poniéndole color esperanza a la vida... y que un día, saldrá el arco iris multicolor, en el que caben todos los colores y todas las ilusiones y sueños por cumplir.

   Otro placer entrañable, son las tostadas, o magdalenas y el café del desayuno. Si además va acompañada por un libro, una lectura de una revista, un poco de tiempo para nosotras, para perdernos en otras aventuras, otros países lejanos... es ya un paraíso. Las bibliotecas, funcionan hoy más que nunca. No hace falta gastarse mucho dinero, puedes ir y coger un libro que te recomienden o que tiene buena pinta, puedes devolverlo y coger otro...

   Y puedes pertenecer a un club de lectura, ahora  todas las bibliotecas tienen uno, en el que compartes además de la lectura,un trocito de ti, de tu estilo, de tu manera de ser cuándo opinas sobre el libro que habéis elegido para leer todo a la vez. Yo ya estoy pensando a qué biblioteca me voy a apuntar para tener mi propio club de lectura. Es una manera también de abrirte al mundo, de conocer gente y otras formas de ver la vida, otras formas de vivir... y todo eso, además de los libros, te enriquece cómo persona.

martes, 5 de junio de 2012

Es tiempo de sidras, en Gijón

  Esta foto, tiene su historia. El año pasado, me apunté a un curso online, de fotografía creativa para principiantes. Eramos un grupo muy grande, de unas doscientas personas. La profesora nos enviaba el tema semanal, y luego teníamos que subir una foto. Yo empecé con mal pie, porque la cámara se me averió. Entonces decidí enviar la foto del puerto deportivo de mi ciudad, Gijón, con la cámara del teléfono. La tutora  me dijo que ésa foto estaba hecha con tf. y que no servía, que así no se podía trabajar. Yo había aplicado lo aprendido sobre isos, luces, sol... me fastidió tanto su comentario, hecho en público! ¿Y si yo fuera una alumna que no tuviera acceso a una cámara mejor? Ingenuamente, le expliqué lo sucedido, y arregle la cámara.
  Poco a poco, me fui dando cuenta, el mes que duró el curso, de que allí de principiantes nada  de nada, todos tenían unas cámaras  muuuy profesionales, habían ido a más cursos... casi trabajaban de ello... yo me sentía fatal... Ella comentaba las fotos con mucho cariño... de sus alumnos que le parecían más profesionales,  cómo ella.
  Envíe esta foto... la de una puerta de una sidrería de Gijón. la foto me salió así de pomposa y romántica de casualidad, porque yo entre el trabajo, la casa... no tenía casi tiempo para leer las lecciones que había pagado. Así que de camino al trabajo, me lancé y casi sin pararme, tiré la foto...
Entonces, la fotógrafa y otros alumnos me la alabaron. Me ilusioné, pero la ilusión duró poco porque a la siguiente foto, le pusieron toda clase de pegas, la profe y los alumnos aventajados, me refiero, porque era un " still life", es decir, cómo  un bodegón, improvisado de mi propio desayuno, con mermelada, café, flores... todo muy bonito, con el fondo de cartulina rosa pálido... A mí me parecía que era de lo más artística, pero me la tacharon porque sin querer, había salido con flash, y se pedía sin él.. Los comentarios de la profe, eran duros, no dejaban margen a  la esperanza, no me estimulaban... yo decidí no explicarme ni justificarme. Le envíe esa foto a una amiga, que me dijo que era muy bonita...

  Entonces, decidí no hacer más cursos de fotografía de pago... con personas que sólo alaban a sus mejores alumnos, que ya saben de fotografía mucho y no son amatéurs... Me compré una revista de fotografía, y miro blogs gratuitos de fotografía, y mira por dónde, este año recibo una invitación de la misma fotógrafa, para que haga otro curso... Por supuesto, no le respondí. Ahora, con este blog, siento ganas otra vez de aprender fotografía para subirlas aquí. Estoy orgullosa de mi foto, que representa un poco  a Gijón, con sus calles, sus sidrerías y sus terrazas llenas de gente, que con el buen tiempo, se reunen a la tarde, en torno a unas sidras, para hablar, y comentar el día entre amistades, familiares, amigos...